Los superhéroes existen. Están entre nosotros. Y no, no llevan capas que les permiten volar. O lentes con las que disparar rayos x. Ni siquiera tienen una fuerza sobrenatural. No pueden correr a la velocidad de la luz y tampoco saltar edificios. No tienen pasaporte para viajar en el tiempo o en el espacio. Y sin embargo, si tienen poderes mágicos. Y es que ponen en valor el poder del esfuerzo, del sacrificio, de la tenacidad y de obcecación por lograr sus sueños. Lo que ocurre es que sólo podemos verlos si usamos unas gafas especiales. Una lentes mágicas que los hacen visibles. Y si, Rubén Moreno Pardo es un superhéroe. Uno de los de verdad. Nació el año en que Barcelona celebraba por primera vez unos juegos olímpicos que fueron el orgullo de toda España. Desde muy pequeñito, Rubén supo que sería un luchador con armadura de cristal. Javier, su padre, murió cuando apenas sabía hablar. Un golpe demoledor que una criatura tan pequeña no supo encajar. Su sonrisa y su vitalidad se escondieron detrás de nubes cargadas de frío. Su madre además se dio cuenta de que Rubén era un niño especial.

Foto familiar de Rubén Moreno Pardo

Sentía, leía y aprendía muy despacio. Todo le costaba mucho más que a los demás niños. “Me costaba horrores hablar o entender cualquier texto escrito y pronunciar palabras difíciles era un infierno. Además estudiaba en un cole normal. Con niños normales con aptitudes normales. Y eso significaba realizar un esfuerzo mayor”, comentó Rubén. Pronto comenzó a necesitar la ayuda de logopedas y de muchas actividades de apoyo. Y es que cuando la vida no nos sonríe debemos elegir aquellos lugares donde el sol de vez en cuando nos guiña el ojo. “Hacinas, el pueblo de mi madre, terminó por convertirse en mi refugio en el mundo. Allí podía ser un niño diferente. Volar, sentir y vivir la magia de la auténtica libertad. Jugaba y aprendía junto a mis abuelos Jesusa y Lucio. Ellos ejercían de protectores y me daban los besos y los abrazos que mi alma y mi confianza necesitaban. Ellos eran los que me quitaban la mochila de la tristeza y me regalaban zapatos nuevos para caminar hacia la felicidad”.

Con sus abuelos

Rubén fue creciendo tratando de mirarse al espejo para que este le devolviera la imagen de un muchacho normal. Sin embargo, el espejo sólo podía reflejar su verdadera imagen, la de un muchacho especial. Un muchacho que debía emprender un camino difícil de barro y piedras para encontrar su verdadera identidad. Y es que el gran Miguel de Unamuno siempre recalcaba que el modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura. Y Rubén crecía y luchaba, pero perdía sus batallas. El Instituto terminó por ser un infierno, una cárcel en la que el no tenía la llave. Un lugar sombrío y húmedo donde su alma se helaba sin poder sonreír. “En tercero de la ESO dije basta. No podía seguir así. Era como intentar escalar el Everest con muletas y descalzo. Por eso todo cambió el día en el que ingresé en el Programa de Cualificación Profesional Inicial. Allí mi discapacidad no era un impedimento sino un reto. Llegaron las sonrisas, los verdaderos amigos y las clases en las que me sentía uno más”. Fueron cuatro años maravillosos. De aprendizaje, de compañerismo y de búsqueda personal. Quería ayudar a los demás. Por eso tal vez quise ser celador. Pero los trabajos no llegaban. Mi vida regresó a la rutina, la oscuridad y el desconsuelo. Trabajaba en lavanderías o echando horas en fábricas, por un sueldo miserable acompañado de jornadas laborales agotadoras. “Hasta que un día un buen amigo me dijo que debía hacer algo por mí mismo. Que no podía seguir esperando a que los demás abrieran las puertas de las que yo sólo tenía la llave. Así fue como me decidí por empezar a aprender cómo ser el mejor profesional dando masajes”.

Ambiente en la gala de los empresariosY es que Séneca ya lo advirtió. El esfuerzo llama a sí a los mejores. Por eso en 2013 Rubén se carga de valor y comienza a estudiar Quiromasaje en la Academia Hera, en Pamplona. Aprende rápido porque es más fácil conducir si realmente nos apasiona hacerlo. Es un niño de nuevo con zapatos nuevos y bolsillos llenos de dulces de mil colores. Por eso, un año después, vuelve a estudiar otro curso de Técnico de Quiromasajes en la misma academia. “Desde el primer día sentí que el ese mundo terminaría por ser mi pasión. Comencé a sentirme realizado y volví a sonreír por los logros y las metas que estaba logrando. Además, el club deportivo Oberena me abrió sus puertas y su corazón de par en par. Allí pude probar mis manos a nivel profesional y empecé a sentir que estaba logrando metas importantes en mi vida”.

En un momento de la gala

En 2017 Rubén da un pasito más en su vida profesional y estudia un curso para convertirse en especialista en masaje deportivo. Y es que el maravilloso universo del deporte es como un filón de oro para un buen masajista. Y así es como Rubén comienza a entender cada una de las disciplinas deportivas y cómo tratarlas. “No quería parar. No podía parar. Necesitaba seguir aprendiendo y mejorando. Necesitaba crecer. Por es decido seguir estudiando y realizo un Máster en Terapias Manuales y Complementarias. Así es como consigo el título ISED del Instituto Superior de Estudios. Paso de conducir con un maravilloso y humilde 600 a llevar un Ferrari. Y es que estos últimos años han sido un regalo de la vida. Años de entrega, sacrificio y aprendizaje para encontrar mi verdadera identidad y también mi auténtico camino”.

Y es así como los clientes han ido llegando y llamando a su puerta. Clientes que han pasado a ser amigos y confidentes. Y con ellos también apareció la primera oficina, su primer hogar empresarial. “No fue fácil. De hecho fue muy complicado, esa es la verdad. Es cómo correr una maratón fuera de forma. Porque al final enfrentas un sueño con todas las dificultades que tiene conseguirlo. Porque las facturas llegan, y con precisión milimétrica. La del alquiler, la de la luz, la de internet y lógicamente la de la gestoría, que es realmente esencial. No hubiera llegado hasta aquí sin la ayuda de Cocemfe en Navarra y el apoyo del Centro de Recursos de Educación Especial en Navarra”.

Tubman creía en que todo gran sueño comienza con un gran soñador. Y es que los soñadores son los que cambian el mundo. Así, en 2018, nuestro superhéroe se convierte en autónomo. Un paso difícil que desafiaba a todos aquellos que le hicieron creer que jamás lograría sus sueños. “Fue muy difícil. Mi familia no lo tenía claro. Pero al final han sido los clientes los que me han hecho llegar hasta aquí. Muchos de ellos son deportistas de élite que aprecian la técnica que tienen mis manos y también mi profesionalidad. También me valoran por mi honestidad. Si no puedo con alguna contractura les derivo a otros grandes profesionales. Para mí la ética personal y profesional son indiscutibles”.

Y todo esfuerzo tiene su recompensa. Porque los superhéroes consiguen sus poderes mágicos caminando con determinación para conseguir sus sueños. En 2018 Rubén recibe un maravilloso espaldarazo con el reconocimiento al Trabajo Autónomo de Navarra. Además, también recibe un diploma a la mejor experiencia empresarial con discapacidad. Y es que en los últimos años Rubén ha pasado de viajar sólo en la vida a tener grandes amigos y estímulos que hacen que ese viaje sea mucho más intenso e interesante. “Lo cierto es que ahora es difícil no verme sonreír. Soy feliz. Estoy consiguiendo mis metas y mi sueño. Tengo un local maravilloso a pie de calle y con una enorme visibilidad. Tiene recepción, una sala de espera y también un lugar amplio y luminoso para los masajes. Y además está situado en un lugar tan estratégico como es la Plaza Félix Huarte. Yencima lleva mi nombre. ¿Qué más se puede pedir?”.

Ahora, en su vida, el tiempo es oro. Colabora con la Unión Deportiva Multivera, un histórico del fútbol navarro. Es su hogar, una casa en la que se siente querido y respetado. Todavía no tiene novia. Y es que su prioridad es su empresa y que esta crezca y evolucione con el tiempo. Como buen luchador no le tema a nada ni a nadie. Ahora saben quién es, de dónde viene y también tiene muy claro dónde desea llegar. Ha aprendido a caminar, pasando frío y dolor en los pies y en el alma. Uno de sus tesoros es la placa que conserva como oro en paño de sus clientes a su esfuerzo y sacrificio.  Entre otros grandes deportistas, sus manos tratan a Iker Vicente de Ochagavía, uno de los mejores Aizkolaris del mundo. Otro de sus clientes es Santi Salazar Baeta, de Castrourdiales. Se trata de un triatleta del Club Camargo Astillero con el que realiza carreras de Triatlon, Duatlon y Acuatlon de 5 y 10 km. Además ha participado en campeonatos de universitarios de triatlón a nivel nacional. También ha corrido una maratón del Sáhara.  Su empresa está presente en Internet y en redes sociales como Facebook o Instagram. Y es que Rubén Moreno es un superhéroe. Al menos eso dice la biblia de su vida. Y es que los superhéroes existen. Lo que ocurre es que los demás mortales no llevamos las lentes necesarias para poder verlos.