Yo y el despertador no nos llevamos bien. Y creo que es porque me roba uno de los grandes placeres de la vida, dormir un poco más. Por eso siempre necesito esos cinco minutos. Cinco interminables minutos en los que voy despertando para comenzar un nuevo día. Después, todo es muy sencillo. Primero, prepararme para un día de oficina. Y cuando digo prepararme, lo digo en el sentido mas literal de la palabra. Lo primero es desayunar, y hacerlo con propiedad. Cereales con leche, zumo de naranja y algún alimento proteico.

Después vienen despejar la mente con una ducha rápida y e ir preparando el bólido que uso aquí, una bicicleta con más años de historia que la propia ciudad. Y luego, es dejarse llevar. La marea azul que le llamo yo. Una marea maravillosa que se compone de miles de ciclistas que desafían a la propia ciudad. Os aseguro que esos veinte minutos son toda una aventura. Una aventura corta en la que voy planificando mi día en la oficina.

Y así es cómo llego a lugar de trabajo. Una oficina empresarial compartida por multitud de emprendedores que buscan el éxito empresarial. Una oficina en la que llevo dos meses colaborando con un proyecto de futuro, MyGlobalDreams. Un refugio en el que estoy desarrollando mi sueño empresarial, una empresa de Marketing de Contenidos. Una empresa fresca y llena de nuevas ideas. Muy pronto podréis conocerla.