El cementerio más terrorífico de Escocia

Edimburgo cuenta con uno de los cementerios más bonitos y espeluznantes de toda Escocia. Estamos hablando del cementerio de Greyfriars cuya historia se remonta al siglo XVI. Estamos hablando de un lugar santo donde sin embargo fueron enterrados varios personajes de oscura y tenebrosa vida. Tal vez el villano más terrible enterrado allí sea sin ningún género de dudas la del sangriento MacKenzie, un auténtico criminal de la época. MacKenzie era un aristócrata con mucho dinero y poder que tuvo el tenebroso encargo de castigar a un gran número de prisioneros que se negaban a cambiar su religión. Se comenta que su agresividad era terrible y que estuvo involucrado en miles de muertes.

En la actualidad, muchos creen que el fantasma de MacKenzie sigue vagando todas las noches por el cementerio. Y todo porque un vagabundo una noche osó perturbar su descanso eterno. Sucedió que el pobre vagabundo colocó sus manos sobre la tumba del sangriento MacKenzie y la tierra se abrió bajo sus pies. Cayó así en una tumba no demasiado profunda que contenía los restos de las víctimas de la peste. Desde entonces, se han ido sucediendo en el tiempo muchos otros episodios sin explicación. Una mujer apareció inconsciente un día con heridas en el cuello. Muchos aseguran que fue el fantasma de MacKenzie el que lo hizo. Y es que muchos creen que el fantasma regresa a la vida cada noche y que ayudándose de la oscuridad sigue cometiendo todo tipo de malvadas acciones.

 


Una victoria al fin y al cabo

La primera gota se desliza bailando suavemente sobre el gran ventanal de colores de Martone. Parece un caracol perezoso despertando de un profundo sueño para comenzar su aventura. La famosa cafetería italiana de la estratégica Waterloo Place de Edimburgo vibra orgullosa con la llegada de los primeros clientes. Todo son aromas, sonidos, voces, gritos, conversaciones y el llanto de algunos niños. Huele a café recién hecho. Huele a pizza, a tomates maduros, a orégano, a queso parmesano y a aceite. Huele a vida. Huele bien. Martone es como esa casa antigua de mi abuela que en mi niñez me hacía viajar en el tiempo. Ese cuarto escondido a la luz del brasero que me protegía del estruendo de las tormentas al final de verano. Martone es así, mi hogar en Edimburgo. Un lugar mágico y especial donde las camareras son ángeles que te sonríen y se acercan sigilosos bailando entre los clientes. Sobre la mesa, un café latte caliente, mi diario y la cámara de fotos.

A esa primera gota solitaria comienzan a sumarse otras. Parecen amigos agarrados de la mano corriendo al mismo tiempo. Comienza a llover. Allí, impasible ante la tormenta, la estatua del duque de Wellington se asoma orgullosa desafiando al cielo con su mirada. Inmortal,  señala a Waterloo Street, como si quisiera repetir aquella gran victoria en una de las batallas más importantes de todos los tiempos. Arthur Wellesley nació en Irlanda un 1 de mayo de 1769 y murió en Kent, Inglaterra el 14 de septiembre de 1852. Fue héroe por méritos propios de la guerra de la Independencia española comandando al ejército británico en el conflicto. Su magistral intervención en las guerras napoleónicas le valió el rango de Mariscal de Campo. Con su gran victoria en Waterloo Napoleón fue finalmente exiliado a Santa Helena.

De repente deja de llover. En tan sólo un instante, las nubes, amenazantes y oscuras cargadas de agua y viento dan paso a un sol protector que lo envuelve todo. Y hasta allí, hasta la Plaza donde Wellington es inmortal, comienza a llegar lentamente su ejército, para iniciar, un día más, la batalla más complicada, la de la propia vida. Primero, es la infantería la que ocupa su lugar. Los sintecho, hambrientos, toman los bancos haciendo suyo el único lugar que realmente les pertenece siempre y cuando estén allí. El teniente al mando de la operación es el comercial de Scotsman, que otea el horizonte buscando miradas afines. El objetivo, vender sus periódicos. En la línea de ataque la caballería, los últimos indios norteamericanos en Escocia tocando al unísono melodías tribales de un tiempo pasado que en su caso siempre fue mejor. Los tambores, las proclamas e utopías de los comunistas. La bandera la enarbolan dos gays que se besan efusivamente proclamando el amor libre. A su lado, un borracho tirado en el suelo al que nadie le importa.

La luz del sol le ilumina. Wellington parece revivir. Y con él, aunque sea por un espacio breve de tiempo, todos los derrotados en Edimburgo tienen su oportunidad de gritar su silencio para decirle al mundo que siguen ahí. Para ellos el alma noble nunca muere, porque más allá de su eternidad brillarán sus huellas. Terminó mi café, tomo mi cámara de fotos y la miro a ella, que vuelve a sonreírme. La sonrío tímido agachando la mirada mientras observo como todos sus hombres, su ejército, sus mejores soldados, están allí. Celebran la victoria del instante, una victoria efímera, como lo es la vida misma, que se evaporará cuando vuelva a llover. Una pequeña y corta victoria, pero una victoria al fin y al cabo.

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Echanove de perfil

El Cid se enamoraría de Soria a primera vista

Juan Echanove en la obra teatral La fiesta del Chivo. Fotografía de Sergio Parra.

La sonrisa de un niño es eterna. Como lo es la vida abrazada a la muerte. Su mirada es ingenua y poderosa. Tanto que puede cambiar el corazón más frío y resistente. Badiale ya advirtió que cada niño debería llevar un cartel que dijera “Tratar con cuidado, contiene sueños”.Juan Echanove Lavanda tuvo su primer papel protagonista al nacer un 1 de abril de 1961. Su padre, ingeniero, se partía los cuernos para que a los suyos no les faltase da nada. Su madre, ama de casa, fue siempre para Echanove la sonrisa amable y la caricia eterna y un refugio seguro frente a las tormentas de la vida. Juan estudió en Hermanos Menesianos. Fue un niño risueño, travieso y feliz a pesar de la soledad en la que vivió sus primeros años. “No tenía amigos. Mi padre siempre estaba detrás de mí para que saliera de casa a jugar. Y es que me pasaba horas y horas delante del televisor.

Hasta que un día descubrí el teatro en el colegio. Y me enamoré a primera vista”. Sus primeras obras de teatro fueron “Una tal Dulcinea” de Alfonso Paso y los “Ladrones somos gente honrada” de Enrique Jardiel Poncela. Juan además es del Atleti desde los seis años. Su padrino le llevó a ver un partido entre el Atlético de Madrid y el Betis. Ese fue seguramente, el segundo amor de su vida. Echanove llegó a matricularse en Derecho en la Complutense. Pero ya se sabe, en el amor, tres son multitud. Y es que ya había creado junto a varios amigos una compañía de Teatro en San Lorenzo del Escorial. Poco después comenzaría a asistir a la Escuela de Arte Dramático de Madrid. Sin darse cuenta, había nacido uno de los mejores actores españoles de todos los tiempos.Aquel que olvida de dónde viene jamás será capaz de saber a dónde va. Aquel que no deja sus huellas en el fango no sabrá jamás lo que es andar. Caminando sin miedo y a veces sin rumbo para llegar al mismo lugar donde todo comenzó.

Echanove disfrutando junto a otros hosteleros en Soria. Fotografía de el Mirón de Soria.

La inconquistable Soria, belleza entre las bellezas, es para Echanove refugio y calor en los inviernos de la vida. Soria es la ciudad de la eterna poesía de Machado, Becker y Gerardo Diego. Ciudad envuelta en historia y leyenda. Tan bella y poderosa como inalcanzable. “Soria es Valonsadero. Soria son sus maravillosas fiestas de San Juan. También sus navidades, en familia, resguardados del frío al abrigo de la sangre y el fuego. Soria fue mi refugio siendo muy pequeño. Mi lugar en el mundo cuando mis hermanos se contagiaron de hepatitis. Mis abuelos cuidaron de mí. Aurelio Lavanda… mi abuelo. Fue el jefe del Servicio del Trigo y presidente de la Diputación provincial. ¿Cómo no voy a amar como amo a mi tierra soriana? Allí todavía viven mis primos Aurelio, Beatriz y Carlos. Soy de Soria por mi madre, que sigue unida a la vida y a la cultura a sus 87 años. Es una mujer soriana, resistente. Habla cuando tiene que hablar. Soria para mí es cómo el mejor verso para el poeta, algo sagrado. Por eso mi alma sonríe cuando llego y llora a la hora de partir”. Tal es su amor y dedicación a Soria, a la provincia y sus pueblos que el 8 de mayo de 2014 Juan Echanove recogió el premio Monreal concedido por la Asociación Profesionales de la Información de Soria (APIS). Un merecido reconocimiento a su dilatada trayectoria y a su esfuerzo por dar a conocer todas las realidades de Soria.

La fiesta del Chivo
Otra de las escenas de la Fiesta del Chivo. Fotografía de Sergio Parra.

Soria y el rodaje del Cid.

Y es precisamente Soria, junto con Burgos y Aragón, los lugares donde se ha rodado la gran serie original de “El Cid” para Amazon prime Video. Serie en la que Jaime Lorente (La casa de papel, Élite) se mete en la piel de Rodrigo Díaz de Vivar, uno de los personajes históricos más fascinantes de la historia de España. Una serie muy ambiciosa con 4.000 metros cuadrados de decorados, un equipo de más de 200 personas y 11000 figurantes. En el reparto está Juan Echanove que devuelve a la vida en la pantalla al obispo de León. Un Echanove al que acompañan, entre otros José Luis García Pérez como el Rey Fernando I el Grande o Elia Galera dando vida a la Reina Sancha la Bella. “Pese a lo que pueda parecer, es un periodo de la historia bastante desconocido. Un tiempo de guerras entre amigos y hermanos. Es una serie muy en la línea de Juego de Tronos. El rodaje en Soria va a ayudar a dar a conocer un poquito más esta provincia. Un lugar único para rodajes de cine por sus paisajes, sus pueblos, su historia, sus castillos y su belleza. El alcalde Carlos Martínez y su concejal de Turismo han hecho un gran trabajo, esa es la verdad”.

Amor por la gastronomía

No soporto a la gente que no se toma en serio la comida decía el gran escritor Oscar Wilde. Y es que Echanove se toma muy en serio la buena cocina. Tanto que a veces retrocede en el tiempo para viajar a Bilbao cuando sólo tenia siete años.“Mi abuela paterna, que era del mismo Bilbao, solía traer siempre el mismo vino, Viña Ardanza. Y a mi me dejaban dar algún sorbito que otro. Mi madre se horrorizaba al ver aquello, pero mi padre al final siempre dejaba que la abuela me lo diera a probar. Creo que aquello ha marcado mi vida. Me he recorrido casi 30 veces España yendo de gira y conociendo así nuestra gastronomía y nuestros mejores vinos”.

Premios Monreal en 2014 en Soria
Los periodistas soriano le entregan a Echanove en 2014 el Premio Monreal. Fotografía FAPE.

El baluarte y la lobita

En la memoria televisiva de nuestra nación está “Un país para comérselo” que Juan presentó junto a Imanol Arias. Un recorrido redescubriendo los mejores platos de la mano de los mejores anfitriones en toda España. “La gastronomía es la única rama humanista y hedonista que explica la manera de vivir. Es de las pocas cosas en el mundo con la que todos están de acuerdo. Una bandera de paz en tiempos de guerra. Soria además hace culto a sus bares. Tenemos hasta caña propia, la soriana de 33 centilitros. Y luego está la trufa, un diamante en bruto. Y su cocina tradicional con el lechazo, las patatas, la repostería de hojaldre, la mantequilla y el embutido. Y esos dos grandes de su cocina como son Oscar García Marina en el “Baluarte” o Elena Lucas con su “Lobita en Navaleno. Tengo pendiente una visita con dos compis de rodaje del Cid.

 El objetivo siempre es ser un buen actor

Juan ama los libros. Son el aire que respira. Está conectado a Internet y a las nuevas tecnologías. No puede prescindir del teatro, la familia y el sentido del humor. Tiene un hijo con su mismo nombre que nació en 1997. No elige entre el teatro, el cine o la televisión. Y es que para él, lo importante es ser un buen actor.  Cree en las casualidades pero no en el destino. La lotería podría ser una ley de vida, pero al final la suerte hay que salir a buscarla. No cree en Dios, pero lo respeta y respeta a la gente que si lo hace. El defiende siempre una teoría antropocentrista. Y así es feliz. Y llena además su vida con la música, la poesía, la literatura y también la amistad.

Echanove de perfil

Le duele España

A Juan le duele España. Y le duele la corrupción. Problema enraizado junto al paro. Cree de forma honesta que con el arte se puede transformar la sociedad. Y lo puede hacer observándola y mostrándola en un escenario. Tiene dos grandes miedos. A enfermar y a ir a la cárcel. La muerte le produce un vértigo complicado de controlar. Le queda todo por hacer. Y por eso todos los días se levanta estudiando y leyendo para seguir alcanzando al actor que quiere ser. No vive obsesionado con el pasado, pero si pendiente del futuro. Y es que todavía le queda mucho trabajo por delante. La belleza en su diccionario es luz. Y es que la palabra cuando se eleva a un grado de belleza consigue ser poesía. “Y el amor vendría a ser un bien de primera necesidad y muy escaso. Si se encuentra hay que cuidarlo”. “Cuchita” es ahora mismo el amor de su vida. La persona que está siempre ahí cuando hay que reir y también cuando hay que llorar. “Es encantadora, amable, cercana y maravillosa. Es realmente sencillo ser feliz a su lado”.

Despedida de su padre

Echanove recuerda como uno de los momentos más tristes y únicos de su vida la conversación que tuvo con su padre cuando este murió.   “Fueron mas o menos dos horas. Vi que estaba despeinado y él siempre aparecia arreglado, peinado y muy elegante.  Fui al bañó, cogí un peine y lo peiné. Después, lo acomodé con mimo y con mucho cuidado y cariño y comence a contarle emocionado lo importante que había sido en mi vida. Solo podía llorar mientras no dejaba de repetir una palabra, gracias. Gracias por todo Papa.”.

En septiembre Juan Echanove quiere regresar de nuevo a los escenarios con la obra teatral “La Fiesta del Chivo”. Narra los últimos y trágicos días del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana. Es una obra dirigida por Carlos Saura, que adapta la novela de Mario Vargas Llosa y que está interpretada en sus caracteres principales por Juan Echanove, Lucía Quintana y Gabriel Garbisu. La obra se estrenó el pasado 22 de noviembre en el Teatro Infanta Isabel y tuvo un enorme éxito de público y de crítica. Juan Echanove volverá de nuevo a las tablas en el mes de septiembre. Y volverá a demostrar una vez porque está considerado como uno de los mejores actores españoles.

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Agradecimiento musical a nuestros héroes

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VIVAN LOS VIOLINESTodos sabemos que la música es la mejor medicina de alma. Sobre todo cuando nuestra vida navega en mares de incertidumbre y de tristeza. Y es que la crisis sanitaria provocada por el coronavirus está poniendo a prueba nuestra capacidad para resistir en una búsqueda continua de estímulos positivos y de respuestas. Tal vez por eso, en este momento de confinamiento, la música se ha convertido en el lugar en el que nos refugiamos para escapar del pesimismo y de la incertidumbre. Pablo Abad dirige con maestría desde hace muchos años las escuelas de música de Burgos, Salas de los Infantes, Palacios de la Sierra y Caleruega. También es el gestor de los centros privados de San Leonardo y Navaleno. Pablo es además un profesional optimista que ama intensamente la vida rural y la música tradicional. El sector de la música y de la cultura es además uno de los más afectados por el decreto de alarma para combatir al Covid 19. Sin embargo, su optimismo y dinamismo le llevan cada día a reinventarse en su empresa para así poder salir adelante y volver a la realidad lo antes posible. “Nosotros nos dimos cuenta rápido de que internet podía ser nuestra ventanita al mundo para poder seguir con las clases de música.

Pablo Abad tocando la dulzaina como homenaje al trabajo de los sanitarios en España.

Ahora mismo estamos empleando una aplicación de la Junta de Castilla y León que se llama Microsoft Teams. No está funcionando muy bien, sobre todo con la escuela de Palacios de la Sierra. L Casi el cien por cien comenzaron sus clases por internet una vez que se decretó el estado de alarma. En Salas también lo hemos intentado, pero va un poquito más despacio. Lo que está claro es que si Internet ya era antes un arma fundamental para las empresas, a partir de ahora se va a convertir en un canal esencial para diferenciarte de las demás”, comentó Pablo Abad.

Además, Pablo y Raúl Contreras no han dejado de trabajar en ningún momento. Mantienen un contacto directo con todos los alumnos, atendiendo sus demandas y facilitándoles todo lo que puedan necesitar. La escuela de música tiene además una web realmente completa y muy dinámica. Y es que todo aquel que desee cualquier tipo de información sobre la escuela o las clases online solo tiene que cliquear escuelademusica.es. La crisis sanitaria ya ha derivado en una crisis económica. El sector de la cultura es sin duda uno de los más afectados. “Tenemos que reinventarnos continuamente y buscar nuevas alternativas y aliados. Desde luego internet es uno de ellos y a partir de ahora va a ser todavía más importante para las empresas. Desde luego, para nosotros, es ya esencial”, concluyó Abad.

Con el estado de alarma y confinamiento, llegaron los primeros y merecidos homenajes a los sanitarios. Primero en Italia y después en España. Pinares también se volcó desde el primer día. Pablo Abad no lo dudó y desde el primer día a las ocho de la tarde deleita a sus vecinos con temas tan bonitos y actuales como el “resistiré” o melodías más tradicionales como la “Burgalesa” o la “Serranita”. “Empecé con la dulzaina para pasar al violín y he llegado a usar la guitarra eléctrica. Ahora empleo también amplificadores. Me consta que grandes músicos de Salas como Jesús y José Contreras están haciendo lo mismo. Es un homenaje precioso a todos los que han estado luchando en primera línea para combatir la pandemia”, explicó Pablo Abad.

Además, Pablo y la orquesta que tiene en Burgos compusieron un fantástico vídeo para Youtube con el himno de la Alegría. Varios alumnos de clarinete de Salas interpretaron el Let it be de los Beattles. Todo como homenaje a los afectados por coronavirus de loso pueblos de Pinares. “Dentro de poco tendremos la versión serrana del Resistiré. No vamos a parar y no podemos parar porque la música tiene que llegar a todos los rincones, concluyo Pablo.“Ahora estamos preparando una versión serrana del “Resistiré” porque ha terminado por ser un himno contra el virus. No podemos parar y no queremos parar porque no vamos a conformarnos con saber que la cultura es uno de los sectores más afectados. Tenemos que seguir buscando nuevas maneras de hacer llegar la música a cada rincón de cada hogar”, finalizó Pablo.

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Eric en la Feria Cidiana de Burgos

En Salas de los Infantes soy Feliz

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IMAGEN DE UN PUEBLO

Nietos y abuelos están unidos por un amor inquebrantable. Y es que los nietos son muchas veces una nueva oportunidad en la vida para volver a ser padres. Corrigiendo así errores pasados provocados por la juventud, la locura y la falta de tiempo. Oscar Wilde ya lo advertía: el mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices. Y de eso saben mucho los abuelos. Acostumbrados a reír cuando se sienten tristes. A levantarse a pesar de los años, de los huesos, del dolor y del miedo. Acostumbrados a la incertidumbre de la vida y de la propia llegada de la muerte. Habituados, eso sí, a vivir por aquello que más quieren, su familia y su sangre. Eric nació un 27 de agosto de 1971 en una aldeíta cubana llamada Molinet, en la carismática y bella provincia de TunasSe crio en los brazos, en el cariño y en la sabiduría de sus abuelos Orlando y Miguelina que ayudaron a su madre Rafaela en su educación. Fue un niño feliz y travieso al que le gustaba corretear por la finca como un salvaje, descubriendo la belleza de la naturaleza. Y es que, a los ojos de un niño, la naturaleza es el mismo Dios. Un Dios que te sonríe aunque ni siquiera creas en él. “Mi abuelo era un hombre serio, recio y de carácter. Creía en la revolución tanto como el mismo Fidel. Pero también se preocupó de mí y jamás permitió que me faltara de nada. La abuela era puro amor. Me achuchaba y me hacía sentir seguro y feliz. Si, puedo decir que fui un niño muy feliz. Un niño que recibió una educación maravillosa en una escuela humilde y pequeñita”.

de niño en su Cuba natalA los diecisiete, en plena adolescencia, Eric decidió dejar de estudiar. Su madre aceptó su decisión. Eso sí, tendría que trabajar. Comenzó curtiendo y embarrando las manos para hacer mosaicos antiguos para una unidad militar. Después pasó a ser el mozo y chico de los recados de un almacén. Trabajar era exigente y muy sacrificado. Tal vez por eso Eric sintió de nuevo la necesidad de estudiar y se matriculó en Derecho en una facultad Obrero-campesina. El 1 de enero de 1959 Cuba reescribió con sangre su historia. Las fuerzas del ejército rebelde encabezas por Fidel Castro y por el “Che´” Guevara ingresan victoriosas en Santiago. El dictador Fulgencio Batista huye a Estados Unidos dando inició así a la que posiblemente es la única revolución triunfante en la historia de América Latina. “Yo nací once años después. En aquel momento Cuba estaba en la órbita de los países socialistas. Producía una gran cantidad de caña de azúcar que además estaba a un gran precio. En casa vivíamos bien. Sin embargo, en 1991 con la caída del muro de Berlín todo cambió de forma radical. Llegó el hambre, la tristeza, la incertidumbre y las cartillas de racionamiento. El cielo de Cuba se nubló presagiando la peor de las tormentas”. En la vida hay días en que la historia nos sonríe y nos abre puertas antes cerradas. Aquel desapacible 10 de enero de 2001 la vida de Eric cambió por completo. Su madre vivía en la encantadora localidad soriana de Ágreda. Y allí era muy feliz. Eric vuela a Austria y tiene que hacer noche en Madrid. “Escuche una voz dulce y aterciopelada que me decía que debía quedarme en España. Nevaba copiosamente. Yo tenía tan sólo un visado por tres meses. No lo pensé. Me planté en Ágreda y allí Camilo, la pareja de mi madre, me acogió con los brazos abiertos y con una fantástica sonrisa. Ha sido y es un padre para mí”.

Eric se adaptó muy bien al frío clima soriano y al calor del corazón de sus gentes. Comenzó ayudando a los más ancianos en sus quehaceres cotidianos. Les ayudaba a levantarse o con las compras o paseaba con ellos para ir a tomar el café al bar. Allí era “el cubano”, un apelativo cariñoso por el que reconocían su amor y su ternura por los demás. “Parecían gente impenetrable en sus sentimientos al principio.  Pero después fueron maravillosos conmigo. Como lo fue Camilo, la pareja de mi madre. Me ayudó muchísimo en mi adaptación al pueblo y me sigue ayudando. Ha sido y es realmente un padre para mí”. Eric gestión con éxito una empresa importante de montaje de equipamientos comerciales. Gestionó además un gran equipo humano en una época muy bonita de su vida. Sin embargo, el destino caprichoso cambió de dirección y tuvo que volver a comenzar. “Lo importante es volver a caminar. Mi ex se dedicaba a la venta y yo solía acompañarla a Ibiza y Oropesa de Toledo. Así que agarré una furgoneta y comencé a vender chuches de mil colores y sabores. Son buenísimos y supernaturales. Están hechos con pulpa de frutas y pectina y se derriten en la boca. Se venden muy bien y a mí es un trabajo que me encanta, esa es la verdad”. Eric es un gran vendedor. Usa su voz tierna, joven, pausada y melodiosa. Además, su mirada es intensa y honesta. Le gusta vender y le apasiona tratar con la gente. País Vasco es su territorio talismán. Chinchón es también un lugar donde vender y disfrutar. “Y Gamonal por supuesto. Y si me tengo que quedar con una feria, esa es la Cidiana de BurgosMe encanta. Ese siempre es un día especial”. Eric llegó a Salas de los Infantes para vender y disfrutara de su feria medieval. Fue amor a primera vista. Por eso, hace ahora ocho meses cogió sus bártulos y a su familia y se vino a vivir a uno de los pueblos más bonitos de Burgos. “Loli Rica nos ofreció su chalet en alquiler y no pude decirle que no. Vivo feliz junto a Lucía, mi pareja y los maravillosos hijos de ésta, Dylan y Darek. Con ellos vive también Martín, su suegro y un gran amigo y apoyo para la familia. Eric tiene además dos hijos: Saray y Eric. “Mi niña es todo valor y honestidad y el chaval alegría pura. Son también mi gran pilar en la vida”.

Eric ama los pueblos y la vida rural. El “Cubano” disfruta a través de la lectura y de los viajes de la gran historia que atesora Castilla. Viajaría en el tiempo hasta la época de los templarios para convertirse en un guerrero medieval. Por eso vive el presente buscando respuestas a su vida en los lugares más bonitos y con más historia del antiguo Reyno de Castilla. Adora los cafés sabrosos que se toma con pausa. Esos que llevan a conversaciones con extraños que terminan por se amigos. Le gusta la gente de los pueblos, la gente de verdad. Gente humilde, inteligente y honesta de la trata de aprender cosas nuevas todos los días. Eric es además un manitas. Si algo se rompe el tiene que saber cómo repararlo y dejarlo todavía mejor. Adora a la madre tierra. Y adora todo lo que nos da todos los días. Una lección que aprendió siendo un niño feliz que correteaba sin temor a lo salvaje. En su juventud llegó a ser un gran luchador de Taekwondo. Todavía hoy sigue pegándole al saco a pesar de la flexibilidad perdida por el paso del tiempo. Le apasionan la bici y la escalada. Es su manera de desestresar cuerpo y mente. Vive la vida con intensidad y más ahora que su corazón amenazó con hacer huelga continuada. En su vida, además de su familia, juegan un papel muy importante el gallego Marcos, el Cubano Pedro y Duli, que vive en Cartagena. No duda ni un instante. Si pudiera viajar en el tiempo sería un caballero templario en busca de aventuras. Luce con orgullo un tatuaje del “Che” porque fue tal vez el único que buscó de verdad la auténtica revolución. Lee de forma compulsiva. El Padrino y el Principito son sus libros de cabecera. El Covid 19 no ha cambiado su peculiar y maravillosa manera de ver la vida. Eric es un tío emocional, en el buen sentido de la palabra. Una persona maravillosa que vive intensamente las cosas más bonitas y pequeñas de la vida. Le quedan pocos sueños por cumplir. Uno de ellos es montar en helicóptero y sobre volar durante horas desafiando a el águila real. Apenas quedan dos meses para la llegada de Lucía, su segunda hija. La sola mención le hacen sonreír y mirar a la vida con más optimismo y alegría que nunca. Y es que aquel que persigue sus sueños termina por encontrarlos a la vez que su destino y la felicidad. 

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Viejas historias de ratones y fantastamas

Era muy chiquitín. Tanto que solo podía ver por encima de las rodillas de los más mayores. Tendría tres años, algún moratón y no más de cuatro dientes. Y era como un ratoncito juguetón. Pequeño, frágil, escuálido y muy escurridizo. Tanto que era capaz de guarecerme en cualquier diminuto rincón sin ser visto. Parecía un ladrón de guante blanco buscando el robo perfecto a través de un butrón. Un caco tan invisible y silencioso como el águila real en su majestuoso vuelo a la hora de cazar. Y aquello me otorgaba inmunidad y el pasaporte para viajar de habitación en habitación. Nadie me veía y por lo tanto nadie me prestaba atención.

Era como un fantasma con una capa de invisibilidad. Estaba y no estaba. Respiraba y dejaba de respirar. Y era así como lograba hacerme con los mejores lugares y momentos. Se podría decir que era el dueño y señor de la vieja casa de la abuela Mari. Y allí, acurrucado debajo de la noble mesa de roble, escuchaba y memorizaba cientos de conversaciones. Charlas sobre lo fugaz de la vida con sus días de sol y sus tardes de tormenta. Conversaciones amables a la luz de una vela. Y charlas desagradables a la luz de dos. Y así el ratoncito fue creciendo y vistiendo su alma con sus éxitos y con sus miedos. Ya no era un fantasma invisible pero el afán por escuchar y entender todo tipo de historias también creció. Y así es como comenzó mi locura por trasladar todo aquello al papel. Horas inquietas y sudorosas en las que limpiaba mi alma y la hacía respirar. Paseos interminables buscando respuestas a preguntas inacabadas.

Y todo para entender de dónde venía, quién en realidad podía ser y a dónde me dirigiría en el camino interminable de la vida. Y con la adolescencia llegó el vendaval y la ausencia de miedo. Y las letras se tornaron ciclones imaginativos que atormentaban mi existencia. Desayunaba, comía y cenaba con historias sobre la amistad, el dolor, la soledad, el cariño, el amor, la decepción, la muerte y la vida. Quería crear historias que cambiaran el mundo. Por eso la universidad llegó a mi vida, sin avisar, como un amor temprano y dulce que lo cambia todo. Y en Pamplona, durante cuatro intensos años, me fui forjando como un gladiador de la comunicación dispuesto a emprender cualquier batalla. Después llegarían los viajes interminables, los días de sol en tierras lejanas e inhóspitas. Llegarían los amores imposibles,  las lágrimas de fresa y también los retos y sus silencios. Y la vida pasaría cantando con sus cicatrices y sus heridas. Con su guitarra vieja y desafinada y sus acordes mágicos e infinitos. Y todo para viajar en un tren del recuerdo a la casa de mi abuela. Desafiando de nuevo a la muerte y al olvido. Tal vez buscando mi historia entre historias ya vencidas de ratones y fantasmas.


Bienvenidos a la realidad

¡¡Feliz Año nuevo!! ¿Está frasecita les suena verdad? Son tres simples palabras que una vez al año repetimos y repetimos y repetimos hasta el cansancio y la saciedad. Como pinguinos bailando siempre la misma canción. Porque todo comienza en una noche de locura, juerga y desenfreno como si no hubiera un mañana. Y la navidad continua y cenamos, una vez más, todo tipo de mariscos, pescados, carnes, dulces, tartas, turrones y mazapanes. Y lo regamos y volvemos a regar con vinos de renombre, sidra asturiana, champan francés, cava extremeño y cubatas de ron de mil colores y sabores. Y después llegan los fuegos de artificio. Que cantan y bailan en el firmamento sonriéndole a las estrellas mientras las mascotas lloran buscando silencio y tranquilidad. Y así hasta llegar a las doce. Para engullir como cocodrilos hambrientos las uvas o garrapiñadas o pasas o caramelos de sabores. Da igual, porque el ritual supuestamente mágico es lo que importa. Doce segundos catárquicos para cambiar el rumbo de nuestras vidas. ¡Todo en doce segundos! ¡Venga ya! Y después nos conjuramos y salimos guapos y relucientes a dar besos y abrazos a personas que no pintan nada en nuestras vidas. A esos que no nos sonrieron, ni abrazaron ni pensaron en nosotros durante 365 días. Y bebemos y bebemos como si fuera el último manantial en el desierto. Y nos emborrachamos pensando en grandes cambios de rumbo. Y soñamos despiertos con viajar y vivir y sentir y disfrutar y amar y encontrar la verdadera felicidad. Y llega la mañana de año nuevo. Y el resacón. Y comienza la penitencia. Y la báscula te devuelve a tu miseria y a la realidad. ¡Cinco kilos más!! ¡La ostia puta! Y son de peso, no de dinero. Y tiemblas ante tu próxima cita con el médico. Porque sabes que el colesterol y la tensión también se sumaron a las fiestas. Como lo hizo tu cuenta bancaria que no ha dejado de llorar. Porque la abandonaste comprando cosas que tal vez no eran tan necesarias. Y recuerdas, un año más, la lotería. Y el bombo y los niños cantarines y los locos disfrazados y las bolitas inquietas y esos grandes premios que, una vez más, no fueron para ti. Así que…¡Feliz Año nuevo amigo!! ¡Bienvenido a la realidad!. Ya decía Heráclito que el sol se renueva cada día y por eso no dejará de ser eternamente nuevo. Una vez más te dejaste llevar. Por la parafernalia, las cenas, el lujo, las promesas y las ilusiones ajenas. ¡Una vez más, te dejaste engañar! Tienes que vivir y soñar y respirar y besar y amar y sentir y volar y ser feliz todos los días. Cada segundo, cada minuto, cada hora, cada instante, cada sonrisa, cada latido de tu corazón. Porque el tiempo no existe, es sólo una ilusión. Pero tú si existes y esa debe ser siempre tu ilusión. Por eso amigo mío déjame desearte Feliz…

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Nosotros si somos el peor virus del planeta

Al recordar al gran Félix Rodríguez de la Fuente mi alma tiende a llorar y sonreír a la vez. Es una sensación difícil de explicar. Y lo es porque genera en mi corazón un conflicto que lo anima a latir con fuerza siguiendo el ritmo de mis recuerdos. Félix fue un gran maestro, en todos los sentidos. Un excepcional comunicador de voz de roble que despertó el amor incondicional por la naturaleza en millones de personas alrededor del mundo. De carácter vital, fuerte, honesto y sincero, dejó en nosotros huellas de vida imborrables. Nos legó rastros preciosos para encontrar el verdadero sentido de la vida. Migas de pan que trazaban el único camino verdadero del hombre, el del amor por la madre tierra. El mejor amigo de los animales vivía pegado a su piel y al calor de sus cuerpos cómo quién vive pegado al pecho de una madre. Y desde su atalaya en el lugar más precioso y recóndito del bosque nos advirtió del camino hacia el vacío que había emprendido el hombre. Un camino de silencio, tristeza y muerte que había roto con el pacto de amor con el planeta. Y es que para Félix, el hombre no era sino una alimaña egoísta y hambrienta. Un depredador con sangre en sus colmillos capaz de contaminar la vida por puro placer.

 

Félix vaticinó que la tierra terminaría por cansarse de nosotros. Como se cansa el día de la noche con los primeros rayos del sol. Y dejaría así de darnos cobijo, aire y agua abandonándonos a nuestra suerte, como abandona una madre desquiciada a un hijo nada más nacer. Y aquí, triste y confinado, viajando a través de los recuerdos, me doy cuenta de que Félix tenía razón. Y pienso que el Covid 19, este virus despiadado y asesino, no es sino la respuesta del planeta a tanta vejación y sufrimiento por pate de los seres humanos. Un enemigo invisible sin maletas que no entiende de razas, dinero o fronteras. Una araña depredadora y hambrienta que ha tejido una trampa perfecta y mortal. Una trampa tan dulce como siniestra para atrapar a su peor enemigo, los así mal llamados seres humanos. Un virus contra otro virus. Un depredador enfrentado a otro depredador. Una bomba para eliminar otra bomba. Por eso, mi propia y lóbrega atalaya, imagino el regreso del gran maestro. Y pienso que Félix jamás nos abandonó. Que sigue oteando el horizonte y cuidando de la madre tierra desde la estrella que más brilla en el firmamento. Con su voz grave y melodiosa. Con su recia presencia y su espíritu imperturbable. Guiándonos desde algún lugar oculto y maravilloso. Y todo para vencer la gran batalla contra el virus y contra nosotros mismos. La decisiva batalla antes de la gran guerra. La guerra por la verdadera supervivencia.

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Y Bienvenido a la realidad. Aqui. 


Alberto Abad con el chef Pepe Rodríguez

El rodaje del Cid en Soria ha sido un éxito

La vida es un viaje sin billete de vuelta. Es como respirar sabiendo que el aire que limpia tus pulmones no volverá a ser el mismo. La vida es esa mochila que llenamos y vaciamos de ilusiones, sueños, sonrisas, lamentos, pasiones y desencuentros. Y es que vivir es caminar con botas viejas machadas de barro dejando huellas que no se han de volver a pisar. Huellas de felicidad y de tristeza, de conquista y de abandono, de amor y desamor. Porque la aventura de viajar es para Pérez Reverte, el ser capaz de vivir como un evento extraordinario la vida cotidiana de otras gentes en parajes lejanos a tu hogar. Alberto Abad emprendió el primer gran viaje de su vida a Alemania cuando tan sólo era un niño de cinco años. Sus padres emigraron a un pueblecito cercano a Stutgart buscando mejores oportunidades para su vida. “Recuerdo aquello con cierta nostalgia y felicidad. Era un niño y me adapté muy rápido a aquella vida. Aprendí a hablar alemán e inglés y lo cierto es que eso me ayudó muchísimo después en mi vida”.

Alberto Abad con el chef Pepe Rodríguez
Alberto Abad junto al chef Pepe Rodríguez en un acto para dar a conocer los mejores productos de Soria.

Al cumplir los 16 su familia vuelve a llenar las maletas de ilusión y esperanza para regresar a Duruelo de la Sierra, el pueblo natal. Un cambio difícil para Alberto en plena adolescencia. Zaragoza sería después su destino para formarse como Técnico en Empresariales y Actividades Turísticas. “Es una ciudad preciosa, alegre y muy vital. Su gente es afable, cercana y abierta. No tengo dudas: viví algunos de los mejores años de mi vida”.

Al terminar la carrera, Turespaña apuesta por él para trabajar en la red de paradores. Alberto viaja a Toledo para trabajar en el precioso parador de Oropesa. Allí permanece un año ganando experiencia. Recibi la llamada del director del Parador de Soria y decide continuar su carrera profesional en la bella capital serpenteada por el gran río Duero. Tras dos intensos años, Alberto aprueba las oposiciones de la diputación de Soria para trabajar en la gerencia del patronato de Turismo. “Había mucho trabajo hecho y también mucho trabajo por hacer. Pusimos a Soria en el mapa nacional e internacional creando una gran red de oficinas de Turismo. Apoyamos con fuerza y decisión a todas las estructuras turísticas. Colaboramos con todos los agentes sociales para crear productos turísticos atractivos, competitivos y diferenciados. Un trabajo intenso que duró hasta 2008. El Patronato de Turismo desaparece y todo el personal y el trabajo realizados se traslada a Diputación”.

En un acto junto a Lambán, presidente de Aragón.

Lucianno Pavarotti siempre afirmó que una de las mejores cosas de la vida es que debemos interrumpir regularmente cualquier labor y concentrar nuestra atención en la comida. Y es que el viaje y el buen yantar con amigos inseparables. Compañeros que en Soria encuentran su principio y su final. Por sus maravillosos vinos, su fantástica mantequilla y sus tiernas y sabrosas carnes. Por su excelsa micología, su iniguable torrezno y por lo delicado y armonioso sabor de su trufa, una de las más apreciadas del mundo. Hoy Soria compite de poder a poder con destinos tan maravillosos como Extremadura, Galicia, Aragón o el interior de Euskadi. Con los años, su oferta ha mejorado y se ha diversificado. Atrae a los amantes de la nieve y de deportes como la mountain bike, la escalada, el senderismo o a aquellos turistas que buscan la paz y la relajación. “Nuestro objetivo es posicionarnos y después mostrar en qué somos diferentes y qué podemos hacer mejor. Buscamos ofrecer la máxima calidad para retener a lo más importante para nosotros, nuestros clientes”.

Soria, hermosa e indomable, con sus castillos inexpugnables, sus pueblos del medievo y sus parajes singulares ha sido un plató perfecto para rodar algunas de las mejores películas de la historia. Entre ellas, las recordadas y admiradas Doctor Zhivago, Campanadas a media noche o un Hombre en Tierra Salvaje. Porque el cine fue y sigue siendo el motor de los sueños a través de los viajes infinitos. La linda y mágica Soria es en sí misma un plató perfecto para seguir rodando todo tipo de producciones audiovisuales. Cuenta con una film comisión que ha conseguido, entre otros muchos logros, que sus parajes sirvieran para rodar la superproducción del Cid para Amazon Prime. “Ha sido un logro que no es fruto de la casualidad y sí del trabajo intenso durante dos años. Contactando con los productores del rodaje a los que les hemos puesto todo muy fácil. Pensaron en rodar en León y Asturias y sin embargo Soria les convenció. También la cercanía a Madrid. Económicamente este tipo de rodajes son muy importantes para Soria y su provincia, Tenemos una web en marcha y queremos crear una ruta para visitar los localizaciones de cine de algunas grandísimas películas rodadas aquí”.

Alberto es un hombre familiar, de trato sencillo, amable y cercano. Laura es la mujer de su vida y el motor de sus sueños junto con Alfonso y Dalia, sus hijos y el pilar de su existencia. Es un apasionado del deporte que no perdona su partidito de fútbol sala con los amigos de toda la vida. Le gusta sudar y gastar rueda pedaleando en bici de montaña. Andar es otra de sus pasiones. Adora perderse y reencontrarse en los bellos y enigmáticos parajes de su tierra soriana. Vive con intensidad las reuniones de amigos, esas en las que no existe el reloj y si los abrazos, los recueros y la camaradería. De Duruelo ama hasta sus andares. Sus parajes agrestes e infinitos desafían al hombre, al tiempo y a la eternidad. Le gustan sus gentes de carácter abierto, honesto y recio. Gentes unidas a la familia, al trabajo y las tradiciones que han visto como los años se llevaban la vida y el futuro de los pueblos. “Es el momento, nuestro momento. Debemos unirnos y mostrar nuestra fuerza como comarca. Tenemos que reivindicar y exigir todo lo perdido y también mostrar nuestra fuerza y valor para que apuesten con nosotros. Necesitamos amor, impulso, nuevas ideas y proyectos, inversión y confianza. Sólo así volveremos a llenar de alegría y orgullo nuestros pueblos vaciados”.

Se puede encontrar la entrevista completa descargando el periódico en en dehttps://www.dropbox.com/s/0785v1llto10c3k/21_Pinares_16-04-20.pdf?dl=0

 


HUMBERTO ABAD ESCULPIENDO

Si llevas tu infancia contigo nunca envejeceras

El dramaturgo Tom Stoppard tiene razón al afirmar que si llevas tu infancia contigo nuca envejecerás. Porque la infancia es el refugio de los valientes en los días de tormenta. Es ese beso dulce y cálido que una madre nos da ante el temor al frío de la oscuridad. Es como el abrazo de un padre ante el miedo a la propia vida. Es un barquito chiquitito de cristal que navega libre jugando con las olas y desafiando al viento. Es como una cometa de colores ligera e invencible que surca el firmamento saludando y sonriendo libre desde el cielo. La infancia ese ese bául de los recuerdos y de las llaves de las puertas de la propia vida. Humberto Abad nació en 1958 en la preciosa e histórica localidad de Quintanar de la Sierra en Burgos.

Abad es ante todo un buscador de respuestas a preguntas a veces complicadas. Un artista que busca superar límites de comprensión con creatividad, ingenio, valor, honestidad y viajes en el tiempo. Límites sujetos a veces a corses rancios y anquilosados. Por eso es un hombre hecho a sí mismo. Un hombre sin miedo, de mirada pausada y tranquila que siempre busca más allá de lo que parece evidente. Por eso hace suyo el concepto de viajar y redescubrir y aprender y cambiar y sentir de otra manera. “Recuerdo perfectamente que era un niño libre, feliz que no tenía ataduras, corsés o cárceles. Vivía a mi aire, siempre manipulando objetos y construyendo y deshaciendo cosas. Yo hacía mis propios mecanos y siempre a mi manera. Era en el fondo un niño rebelde porque no quería dejar de serlo. Volaba y sentía y viajaba empleando el tren de la imaginación. Gracias a esa libertad he conseguido llegar hasta aquí”.

EL HUEVO DEL AMORLa sala de exposiciones Pedro Torrecilla acoge hasta el 1 de marzo la exposición 'Rebobinando 201988. En el borde del Arte', de Humberto Abad.  La muestra, abierta desde el jueves 23 de enero, reúne 45 obras del autor, gran parte de ellas talladas en madera. Laura Sebastián, directora general de la Fundación Cajacírculo, ha sido la encargada de presentar la exposición del escultor burgalés, una retrospectiva a la obra de Abad a lo largo de sus 30 años de trayectoria en los que ha expuesto en más de 50 salas de España, Francia y Portugal. Sus temas hablan de la crueldad y de la belleza, del dolor y también de los sueños. Temas tallados con tesón y esfuerzo en madera de haya, caoba, pino, castaño de indias, olmo, fresno, roble, arce, nogal e incluso madera de variedades tropicales. Abad es hoy en día uno de los mejores escultores en madera de España. Y es un artista reconocido y premiado también a nivel internacional. “Antes sólo fabricaba cosas y ahora consigo obras que emocionan. Yo no trabajo para comprarme un mercedes. No creo en el mundo material.  Por eso voy despacio, viajando en el camino correcto observando y aprendiendo y también cruzando emociones.

La muestra es un pequeño homenaje a su mujer, que se ha jubilado recientemente. Para ella ha creado lo que ha llamado el “Kit del descanso”. Es una pieza en la que el elemento principal es una bobina de madera. “Mi mujer siempre me ha querido como soy y ha respetado el camino artístico elegido por mí. Es generosa y feliz. Siempre está sonriendo y lo hace con candidez, una de las cualidades más bonitas de un ser humano. Mi hija ha sido también un gran apoyo en los momentos más difíciles. Es generosa también pero sabe siempre estar en su lugar y también defender su posición en cada momento”.

Abad nació en 1959 en la maravillosa e histórica localidad de Quintanar de la Sierra. Aquellos años de posguerra eran duros y las familias sobrevivían unidas al abrigo de los trabajos tradicionales. Quintanar era entonces el corazón de los pueblos de la Demanda burgalesa. Un pueblo precioso y orgulloso que contaba entonces con más de 4000 habitantes. En la actualidad, lucha contra la despoblación, un mal endémico que está atacando a las zonas rurales de media España. “Yo vivo en Cuscurrita de Juarros, un pueblecito de tan sólo seis habitantes. Creo que la situación de los pueblos es complicada, pero también creo que el tiempo traerá una transformación unida a la búsqueda de nuevas formas de vida”.

Abad confía en su camino de creación como algo tranformador. Y es que esa creación puede conseguir efectos maravillosos porque en el fondo todos somos viajeros de transmisión. A todos nos surgen preguntas y paradojas que dan lugar a vivencias a veces difíciles. Es precisamente de ellas de donde nacen las verdaderas obras de arte. “No tengo formación académica, pero si me he concentrado en vivir y hacerlo de forma intensa. Por eso cuando quiero esculpir siempre realizo un ataque directo. Ese ataque me permite visualizar lo que quiero pero debo enfrentarme a sus dificultades y a sus nudos. Y a veces sucede que me encuentro en pleno proceso con la persona más indiferente del mundo y es ella la que termina por darme las respuestas que buscaba”.

Humberto cree que el viaje es esencial en el camino del conocimiento. “En Nápoles hay una capilla con la que lloré. Es verdad que necesitamos mitos, pero puedes encontrar a grandes artistas en todos los lugares del mundo. “Lo cierto es que siempre encuentro sin buscar, algo que es absolutamente maravilloso. Sin embargo, también en el universo del arte hay impostores y diletantes. Tienen formación cultural y su único objetivo es tapar el talento de los grandes. Y es que las galerías, los museos y todo este mundo mueve mucho dinero”.

Humberto ama la madera como quien ama la vida.  Y es que es un material que le plantea problemas e interrogantes nuevos y eso engancha. También realiza fotografías y mezcla conceptos siempre que llegue donde realmente quiere llegar. Le apasiona la lectura y ese cruce de palabras que da lugar a juegos y significados infinitos. “No valgo para escribir porque me cuesta mucho reflejar lo que pienso. Aun así, a veces si encuentro el momento ideal y llega algo que merece la pena y eso es alucinante”. Para él Internet y las redes sociales son como la comida, una necesidad. “Un día yendo en bici me perdí y al ver a un pastor me paré para preguntarle. Resulta que el hombre sacó su móvil y con el GPS me indicó hacia dónde debía ir. Para mí Internet es una necesidad. Y lo cierto es que me viene bien”. Viajar para él es también una necesidad espiritual. El viaje es el propio camino y lo que este nos devuelve. Ha visto medio mundo, pero Picos de Europa es su lugar en ese mundo. Adora desayunar fuerte y relajarse después. Para él el tiempo es relativo y la muerte, que ha vivido muy de cerca, siempre está ahí, como una frontera que algún día habrá que cruzar. “El año pasado un gran amigo y fantástico artista hizo una exposición de los doce apóstoles y algunos llevamos un objeto relacionado con la muerte. Uno de nuestros amigos, que es médico, llevó simplemente una maleta vacía. Creo que es una de las imágenes más poderosas para ilustrar lo que es la muerte como tránsito al que vamos después de la vida. Vivir al máximo, intensamente y sin dejar nada por hacer. Porque allí donde todos vamos llevamos simplemente una maleta vacía”.