Cristina alonso junto a dos de sus mascotas mas amadas

La felicidad es como el vuelo de una mariposa de colores en primavera. Es algo tan bello que hasta los dioses sonríen y se relajan dejándonos algunos instantes de libertad. Y ella sonríe también. Al amor, a la amistad, a sus recuerdos y lo que más quiere en el mundo, su pueblo. Y es que Moncalvillo es su patria chica, su dulce más preciado y el baúl de sus tesoros más amados. Cristina alonso abrió los ojos por primera vez en Igualada en 1987. Nació en el seno de una familia humilde pero muy unida por la sangre y su historia. Mi padre era pastor en Moncalvillo. Mis abuelos además labraban la tierra y recogían la miel. Iban a Barbadillo cantando para vender sus productos. Y así vine yo al mundo, entre canciones, leyendas, folclore y tradiciones. Moncalvillo siempre fue mi patria. Ese castillo donde me resguardaba los días de tormenta.

El pastor con sus ovejas

Decía el gran cineasta Ingmar Bergman que envejecer es cómo escalar una gran montaña. Mientras se suben las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre y la vista más amplia y serena. Por eso Cristina vivía pegada a la falda de los mayores, envuelta en sus sonrisas, sus miradas y sus recuerdos. Así pasé mi infancia. Con ellos, con los sabios. Pintando en fotografías, en papel y en las paredes. Siempre creando esculturas en piedra y en madera. Después, en mi adolescencia, el rock llegó a mi vida. Fue un chuté de adolescencia, junto con el baile y la lectura. Me gusta escribir, pero me guardo esas palabras para mis días de tormenta.

Cristina junto con Alex su pareja

Álex, su pareja, llegó a su vida hace diez años como una brisa primaveral. Juntos llegaron a Albió, un pueblecito maravilloso de tan sólo quince habitantes situado en Tarragona. Teníamos mucha ilusión y muy poco dinero. Nos olvidamos de la televisión y pusimos un huerto y un corralillo de gallinas. La casa era sencilla y tenía sus cicatrices y sus miedos, pero no nos importó. Allí dimos rienda suelta a nuestras pasiones. Yo pintaba acuarelas y grandes óleos y Álex vestía murales usando el spray. Abrimos el Drac Magic y comenzamos a vender artesanía en Santa Coloma de Queral, el pueblo de Álex. Aprendimos de otros artesanos. Y así llegaron los primeros encargos. Hoy nuestro universo gira en torno a la pintura artística, la restauración, el interiorismo y el diseño gráfico. No cambiaría el pueblo por nada del mundo. Vivimos tranquilos, en armonía y en contacto con la naturaleza.

Una de las casonas típicas en Moncalvillo

Cristina conoce y disfruta mucho de internet y de las posibilidades de las redes sociales. Son su “ventanita al mundo” desde su pequeño pueblo catalán. La página de Moncalvillo en Facebook nace como un proyecto junto a mi primo Aitor al final del bachillerato. Presentamos fotos de lugares emblemáticos, de vecinos ilustres y de juegos antiguos. Luego vinieron los vídeos con lugares de interés y fiestas. Sergio, un compi del pueblo me ayuda a tenerla editada y actualizada. Es mi pequeña contribución a mi patria chica.

Valle en el que viven

Y es que es el amor la brújula que guía el rumbo de los valientes. Cristina sabe que no se puede derrotar a quien no se rinde. Por eso, desinteresadamente estuvo en los inicios de la asociación Repuebla. Nació algo muy bonito con ayuda de todos. Repuebla es la primera piedra que todos pusimos juntos para luchar por nuestros pueblos. Junto con mi pareja cree el logotipo de la asociación, a la que estoy y estaré muy ligada. Y es que creo con todo mi corazón que el modelo de vida rural es el único que mantendría el equilibrio con la naturaleza. Internet es el arma. Es nuestro arma. Y proyectos hay tantos como sueños. Por eso debemos creer en nuestros sueños y en los sueños de quienes quieren cambiar de vida y de sistema. Los pueblos no son sólo nuestro refugio, los pueblos son también el el hogar de nuestros sueños. Por eso debemos luchar y también soñar.