Azucena García guarda con celo en su corazón uno de los momentos más importantes de su vida. Era una niña de diez años sonriente y soñadora que salía corriendo del colegio para colarse en las obras de Teatro de su pueblo, San Leonardo de Yagüe. Y aquel escenario era su lugar mágico en el mundo. Allí podía soñar. Soñar con volar y viajar el tiempo y en el espacio conquistando nuevos lugares. Soñar subida en las tablas dirigiendo su voz y su mirada a un público expectante y deseoso de nuevas experiencias. Azucena García “Ceni” nació el mismo año que el hombre pisaba por primera vez la luna. Fue la más pequeña de ocho hermanos, convirtiéndose en su juguete y en su joya más preciada.

“Era una niña pizpireta, alegre, graciosa y muy empollona. Adoraba el teatro. Recuerdo perfectamente un viaje que hicimos a Madrid con el instituto. Podíamos elegir entre ver en el cine Indiana Jones o asistir al teatro. Al final me fui con mis mejores amigas a ver la obra “Sublime decisión”. Jamás podré olvidar aquel día. Valentín, su padre, siempre soñó con tener una abogada en casa. Sin embargo, los hijos vienen al mundo casi siempre para llevar la contraria a sus padres. Ceni era muy muy buena con las materias de ciencias. Por eso decidió estudiar empresariales en Zaragoza. Allí consiguió sus primeras prácticas y también sus primeros empleos. Sin embargo, su padre fallece demasiado pronto y Ceni decide dar un giro radical a su vida y a sus sueños. Consigue un trabajo en Modas Maribel, en Salas de los Infantes. Un pueblo que le acoge con los brazos abiertos y en donde viven algunos de los mejores años de su vida. Tres años después, en 1999 ceni regresa de nuevo a San Leonardo y comienza a trabajar en la gestión de Moles S.A.

“Creo que tomé la decisión acertada. Trabajaba en lo que quería, esa es la verdad. Al volver sentí que debía vivir mi vida en el pueblo intensamente. Por eso decidí implicarme y hacerlo con todas las consecuencias. Y es que sli me piden algo siempre estoy ahí. El teatro ha sido y es el amor de mi vida. Mi padre sentía lo mismo. Tuvo la oportunidad de hacer una prueba en el Teatro Real de Madrid y mi abuelo no le firmó la autorización. Fue uno de los días más tristes de su vida”.

A “Ceni” le gusta pensar que el dinamismo social de un pueblo no es un concepto abstracto. Y es que los pueblos son seres vivos que necesitan comer, respirar, descansar, vivir, disfrutar y sentir. Un pueblo vivo es como un bosque virgen, conserva su esencia y su vitalidad. Se convierte así en un lugar donde apetece invertir y vivir. En un sitio único para atraer turismo y riqueza. Y es que un pueblo con asociaciones fuertes y dinámicas puede atraer población, uno de los quebraderos de cabeza actualmente en el mundo rural. “San Leonardo cuenta con un tejido asociativo espectacular. Tenemos asociaciones tan diversas y maravillosas como AMINA, la de la Virgen de la Vega, la Coral de San Leonardo o la Asociación Cultural la Candelaria. Lo que pasa es que en la actualidad estamos sobre informados y nos cerramos a veces a las cosas más importantes. Además, dependemos demasiado de aquellos espíritus alegres y altruístas que tiran siempre del carro. Eso puede hacer que lleguen a cansarse y perder la ilusión. Porque la vida de un pueblo depende de todos. Del director de la obra, del apuntador, del que enciende las luces, del encargado del vestuario y también del acomodador.

ceni pregón de la magdalena

Ceni cree firmemente en los pueblos. Siempre se ha sentido apoyada, querida y reconocida por su labor en San Leonardo de Yagüe. “Somos de Castilla la Vieja, nos guste o no. Esa idiosincrasia nos ha mantenido vivos y nos ha hecho llegar hasta aquí. Pero debemos avanzar y cambiar un poco ese concepto abstracto si queremos tener un futuro y atraer población. Y en esa labor creo que la cultura es fundamental. También la política económica es esencial. En este sentido mi mentor y mi guía en la vida siempre fue el gran maestro José Luis Sampedro”.

Azucena García se describe como votante del Partido Popular, Republicana y seguidora del FC Barcelona. Una mezcla realmente auténtica. En Facebook no habla de política. Prefiere colgar cosas divertidas. Le gusta escuchar y hablar con todos. Porque cualquier persona tiene cosas importantes que decir. Ahora trabaja en lo suyo, en su empresa. Una asesoría de la que se siente muy orgullosa y que le ha proporcionado clientes de todos los pueblos de Pinares. “Trabajo en lo que me hace feliz. Y es que si algo tengo claro es que debemos luchar por crear comarca. Es la única manera de ser fuertes y competitivos y que la gente nos conozca.

“Ceni” ha sido concejala de cultura del PP en el Ayuntamiento de San Leonardo durante 16 años. Una época maravillosa de su vida. Y agradece el apoyo, el cariño y el amor con el que le han tratado la inmensa mayoría de los vecinos del pueblo. “Yo les diría a los que no me quieren que no hay mejor palabra que la que queda por decir. Además del teatro, que es y será siempre mi gran amor, me gusta mucho disfrutar y salir con mis amigos. También suelo pasar mucho tiempo viendo cine y series y trato de caminar, sobre todo los fines de semana. Me gusta coleccionar barajas de cartas. Tengo 182. Por ejemplo te diré que tengo la biblia en baraja y otra baraja de edición limitada de todas las obras que se han hecho en el Palacio Real. Y por último claro, mi pasión es cuidar de mi familia y de aquellos que más quiero”.

Azu tiene sueños sencillos. Algún día le gustaría viajar hasta Australia y perderse allí por un tiempo. También quiere seguir con sus catequesis de confirmación. Es católica y creyente, pero no cree para nada en los estereotipos. “Lo decía antes. Estamos expuestos a una sobreinformación. Sobretodo en las redes sociales. Y esa sobreinformación suele estar acompañada de desinformación. Nos confunden con los símbolos, con los himnos, con la historia. Por eso debemos reflexionar y comparar las informaciones que recibimos todos los días”.Ceni se considera creyente. Sin embargo, le es complicado definir y diferenciar los conceptos del bien y de mal. Cree en lo que cuentan los demás, en sus historias, en sus verdades y en cómo ven ellos aquel lugar al que se supone que vamos después de morir. Y es que Azucena cree en la conciencia personal de cada uno en torno a sus actos y en la tranquilidad o intranquilidad que uno siente cuando se va a dormir.

“Puedo decir orgullosa que duermo tranquila. En este maravilloso viaje que es la vida mis padres y mis hermanos han sido muy importantes. También han marcado mi vida de forma maravillosa Gerardo Blanco, Fernando Mercadal y mi tía Chon, que a sus 97 años sigue siendo mi segunda madre. Y es deberíamos vivir tantas veces cómo los árboles, que pasado un año malo echan nuevas hojas y vuelven a empezar (José Luis Sampedro)