¡¡Feliz Año nuevo!! ¿Está frasecita les suena verdad? Son tres simples palabras que una vez al año repetimos y repetimos y repetimos hasta el cansancio y la saciedad. Como pinguinos bailando siempre la misma canción. Porque todo comienza en una noche de locura, juerga y desenfreno como si no hubiera un mañana. Y la navidad continua y cenamos, una vez más, todo tipo de mariscos, pescados, carnes, dulces, tartas, turrones y mazapanes. Y lo regamos y volvemos a regar con vinos de renombre, sidra asturiana, champan francés, cava extremeño y cubatas de ron de mil colores y sabores. Y después llegan los fuegos de artificio. Que cantan y bailan en el firmamento sonriéndole a las estrellas mientras las mascotas lloran buscando silencio y tranquilidad. Y así hasta llegar a las doce. Para engullir como cocodrilos hambrientos las uvas o garrapiñadas o pasas o caramelos de sabores. Da igual, porque el ritual supuestamente mágico es lo que importa. Doce segundos catárquicos para cambiar el rumbo de nuestras vidas. ¡Todo en doce segundos! ¡Venga ya! Y después nos conjuramos y salimos guapos y relucientes a dar besos y abrazos a personas que no pintan nada en nuestras vidas. A esos que no nos sonrieron, ni abrazaron ni pensaron en nosotros durante 365 días. Y bebemos y bebemos como si fuera el último manantial en el desierto. Y nos emborrachamos pensando en grandes cambios de rumbo. Y soñamos despiertos con viajar y vivir y sentir y disfrutar y amar y encontrar la verdadera felicidad. Y llega la mañana de año nuevo. Y el resacón. Y comienza la penitencia. Y la báscula te devuelve a tu miseria y a la realidad. ¡Cinco kilos más!! ¡La ostia puta! Y son de peso, no de dinero. Y tiemblas ante tu próxima cita con el médico. Porque sabes que el colesterol y la tensión también se sumaron a las fiestas. Como lo hizo tu cuenta bancaria que no ha dejado de llorar. Porque la abandonaste comprando cosas que tal vez no eran tan necesarias. Y recuerdas, un año más, la lotería. Y el bombo y los niños cantarines y los locos disfrazados y las bolitas inquietas y esos grandes premios que, una vez más, no fueron para ti. Así que…¡Feliz Año nuevo amigo!! ¡Bienvenido a la realidad!. Ya decía Heráclito que el sol se renueva cada día y por eso no dejará de ser eternamente nuevo. Una vez más te dejaste llevar. Por la parafernalia, las cenas, el lujo, las promesas y las ilusiones ajenas. ¡Una vez más, te dejaste engañar! Tienes que vivir y soñar y respirar y besar y amar y sentir y volar y ser feliz todos los días. Cada segundo, cada minuto, cada hora, cada instante, cada sonrisa, cada latido de tu corazón. Porque el tiempo no existe, es sólo una ilusión. Pero tú si existes y esa debe ser siempre tu ilusión. Por eso amigo mío déjame desearte Feliz…

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