El cementerio más terrorífico de Escocia

Edimburgo cuenta con uno de los cementerios más bonitos y espeluznantes de toda Escocia. Estamos hablando del cementerio de Greyfriars cuya historia se remonta al siglo XVI. Estamos hablando de un lugar santo donde sin embargo fueron enterrados varios personajes de oscura y tenebrosa vida. Tal vez el villano más terrible enterrado allí sea sin ningún género de dudas la del sangriento MacKenzie, un auténtico criminal de la época. MacKenzie era un aristócrata con mucho dinero y poder que tuvo el tenebroso encargo de castigar a un gran número de prisioneros que se negaban a cambiar su religión. Se comenta que su agresividad era terrible y que estuvo involucrado en miles de muertes.

En la actualidad, muchos creen que el fantasma de MacKenzie sigue vagando todas las noches por el cementerio. Y todo porque un vagabundo una noche osó perturbar su descanso eterno. Sucedió que el pobre vagabundo colocó sus manos sobre la tumba del sangriento MacKenzie y la tierra se abrió bajo sus pies. Cayó así en una tumba no demasiado profunda que contenía los restos de las víctimas de la peste. Desde entonces, se han ido sucediendo en el tiempo muchos otros episodios sin explicación. Una mujer apareció inconsciente un día con heridas en el cuello. Muchos aseguran que fue el fantasma de MacKenzie el que lo hizo. Y es que muchos creen que el fantasma regresa a la vida cada noche y que ayudándose de la oscuridad sigue cometiendo todo tipo de malvadas acciones.

 


Una victoria al fin y al cabo

La primera gota se desliza bailando suavemente sobre el gran ventanal de colores de Martone. Parece un caracol perezoso despertando de un profundo sueño para comenzar su aventura. La famosa cafetería italiana de la estratégica Waterloo Place de Edimburgo vibra orgullosa con la llegada de los primeros clientes. Todo son aromas, sonidos, voces, gritos, conversaciones y el llanto de algunos niños. Huele a café recién hecho. Huele a pizza, a tomates maduros, a orégano, a queso parmesano y a aceite. Huele a vida. Huele bien. Martone es como esa casa antigua de mi abuela que en mi niñez me hacía viajar en el tiempo. Ese cuarto escondido a la luz del brasero que me protegía del estruendo de las tormentas al final de verano. Martone es así, mi hogar en Edimburgo. Un lugar mágico y especial donde las camareras son ángeles que te sonríen y se acercan sigilosos bailando entre los clientes. Sobre la mesa, un café latte caliente, mi diario y la cámara de fotos.

A esa primera gota solitaria comienzan a sumarse otras. Parecen amigos agarrados de la mano corriendo al mismo tiempo. Comienza a llover. Allí, impasible ante la tormenta, la estatua del duque de Wellington se asoma orgullosa desafiando al cielo con su mirada. Inmortal,  señala a Waterloo Street, como si quisiera repetir aquella gran victoria en una de las batallas más importantes de todos los tiempos. Arthur Wellesley nació en Irlanda un 1 de mayo de 1769 y murió en Kent, Inglaterra el 14 de septiembre de 1852. Fue héroe por méritos propios de la guerra de la Independencia española comandando al ejército británico en el conflicto. Su magistral intervención en las guerras napoleónicas le valió el rango de Mariscal de Campo. Con su gran victoria en Waterloo Napoleón fue finalmente exiliado a Santa Helena.

De repente deja de llover. En tan sólo un instante, las nubes, amenazantes y oscuras cargadas de agua y viento dan paso a un sol protector que lo envuelve todo. Y hasta allí, hasta la Plaza donde Wellington es inmortal, comienza a llegar lentamente su ejército, para iniciar, un día más, la batalla más complicada, la de la propia vida. Primero, es la infantería la que ocupa su lugar. Los sintecho, hambrientos, toman los bancos haciendo suyo el único lugar que realmente les pertenece siempre y cuando estén allí. El teniente al mando de la operación es el comercial de Scotsman, que otea el horizonte buscando miradas afines. El objetivo, vender sus periódicos. En la línea de ataque la caballería, los últimos indios norteamericanos en Escocia tocando al unísono melodías tribales de un tiempo pasado que en su caso siempre fue mejor. Los tambores, las proclamas e utopías de los comunistas. La bandera la enarbolan dos gays que se besan efusivamente proclamando el amor libre. A su lado, un borracho tirado en el suelo al que nadie le importa.

La luz del sol le ilumina. Wellington parece revivir. Y con él, aunque sea por un espacio breve de tiempo, todos los derrotados en Edimburgo tienen su oportunidad de gritar su silencio para decirle al mundo que siguen ahí. Para ellos el alma noble nunca muere, porque más allá de su eternidad brillarán sus huellas. Terminó mi café, tomo mi cámara de fotos y la miro a ella, que vuelve a sonreírme. La sonrío tímido agachando la mirada mientras observo como todos sus hombres, su ejército, sus mejores soldados, están allí. Celebran la victoria del instante, una victoria efímera, como lo es la vida misma, que se evaporará cuando vuelva a llover. Una pequeña y corta victoria, pero una victoria al fin y al cabo.

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Echanove de perfil

El Cid se enamoraría de Soria a primera vista

Juan Echanove en la obra teatral La fiesta del Chivo. Fotografía de Sergio Parra.

La sonrisa de un niño es eterna. Como lo es la vida abrazada a la muerte. Su mirada es ingenua y poderosa. Tanto que puede cambiar el corazón más frío y resistente. Badiale ya advirtió que cada niño debería llevar un cartel que dijera “Tratar con cuidado, contiene sueños”.Juan Echanove Lavanda tuvo su primer papel protagonista al nacer un 1 de abril de 1961. Su padre, ingeniero, se partía los cuernos para que a los suyos no les faltase da nada. Su madre, ama de casa, fue siempre para Echanove la sonrisa amable y la caricia eterna y un refugio seguro frente a las tormentas de la vida. Juan estudió en Hermanos Menesianos. Fue un niño risueño, travieso y feliz a pesar de la soledad en la que vivió sus primeros años. “No tenía amigos. Mi padre siempre estaba detrás de mí para que saliera de casa a jugar. Y es que me pasaba horas y horas delante del televisor.

Hasta que un día descubrí el teatro en el colegio. Y me enamoré a primera vista”. Sus primeras obras de teatro fueron “Una tal Dulcinea” de Alfonso Paso y los “Ladrones somos gente honrada” de Enrique Jardiel Poncela. Juan además es del Atleti desde los seis años. Su padrino le llevó a ver un partido entre el Atlético de Madrid y el Betis. Ese fue seguramente, el segundo amor de su vida. Echanove llegó a matricularse en Derecho en la Complutense. Pero ya se sabe, en el amor, tres son multitud. Y es que ya había creado junto a varios amigos una compañía de Teatro en San Lorenzo del Escorial. Poco después comenzaría a asistir a la Escuela de Arte Dramático de Madrid. Sin darse cuenta, había nacido uno de los mejores actores españoles de todos los tiempos.Aquel que olvida de dónde viene jamás será capaz de saber a dónde va. Aquel que no deja sus huellas en el fango no sabrá jamás lo que es andar. Caminando sin miedo y a veces sin rumbo para llegar al mismo lugar donde todo comenzó.

Echanove disfrutando junto a otros hosteleros en Soria. Fotografía de el Mirón de Soria.

La inconquistable Soria, belleza entre las bellezas, es para Echanove refugio y calor en los inviernos de la vida. Soria es la ciudad de la eterna poesía de Machado, Becker y Gerardo Diego. Ciudad envuelta en historia y leyenda. Tan bella y poderosa como inalcanzable. “Soria es Valonsadero. Soria son sus maravillosas fiestas de San Juan. También sus navidades, en familia, resguardados del frío al abrigo de la sangre y el fuego. Soria fue mi refugio siendo muy pequeño. Mi lugar en el mundo cuando mis hermanos se contagiaron de hepatitis. Mis abuelos cuidaron de mí. Aurelio Lavanda… mi abuelo. Fue el jefe del Servicio del Trigo y presidente de la Diputación provincial. ¿Cómo no voy a amar como amo a mi tierra soriana? Allí todavía viven mis primos Aurelio, Beatriz y Carlos. Soy de Soria por mi madre, que sigue unida a la vida y a la cultura a sus 87 años. Es una mujer soriana, resistente. Habla cuando tiene que hablar. Soria para mí es cómo el mejor verso para el poeta, algo sagrado. Por eso mi alma sonríe cuando llego y llora a la hora de partir”. Tal es su amor y dedicación a Soria, a la provincia y sus pueblos que el 8 de mayo de 2014 Juan Echanove recogió el premio Monreal concedido por la Asociación Profesionales de la Información de Soria (APIS). Un merecido reconocimiento a su dilatada trayectoria y a su esfuerzo por dar a conocer todas las realidades de Soria.

La fiesta del Chivo
Otra de las escenas de la Fiesta del Chivo. Fotografía de Sergio Parra.

Soria y el rodaje del Cid.

Y es precisamente Soria, junto con Burgos y Aragón, los lugares donde se ha rodado la gran serie original de “El Cid” para Amazon prime Video. Serie en la que Jaime Lorente (La casa de papel, Élite) se mete en la piel de Rodrigo Díaz de Vivar, uno de los personajes históricos más fascinantes de la historia de España. Una serie muy ambiciosa con 4.000 metros cuadrados de decorados, un equipo de más de 200 personas y 11000 figurantes. En el reparto está Juan Echanove que devuelve a la vida en la pantalla al obispo de León. Un Echanove al que acompañan, entre otros José Luis García Pérez como el Rey Fernando I el Grande o Elia Galera dando vida a la Reina Sancha la Bella. “Pese a lo que pueda parecer, es un periodo de la historia bastante desconocido. Un tiempo de guerras entre amigos y hermanos. Es una serie muy en la línea de Juego de Tronos. El rodaje en Soria va a ayudar a dar a conocer un poquito más esta provincia. Un lugar único para rodajes de cine por sus paisajes, sus pueblos, su historia, sus castillos y su belleza. El alcalde Carlos Martínez y su concejal de Turismo han hecho un gran trabajo, esa es la verdad”.

Amor por la gastronomía

No soporto a la gente que no se toma en serio la comida decía el gran escritor Oscar Wilde. Y es que Echanove se toma muy en serio la buena cocina. Tanto que a veces retrocede en el tiempo para viajar a Bilbao cuando sólo tenia siete años.“Mi abuela paterna, que era del mismo Bilbao, solía traer siempre el mismo vino, Viña Ardanza. Y a mi me dejaban dar algún sorbito que otro. Mi madre se horrorizaba al ver aquello, pero mi padre al final siempre dejaba que la abuela me lo diera a probar. Creo que aquello ha marcado mi vida. Me he recorrido casi 30 veces España yendo de gira y conociendo así nuestra gastronomía y nuestros mejores vinos”.

Premios Monreal en 2014 en Soria
Los periodistas soriano le entregan a Echanove en 2014 el Premio Monreal. Fotografía FAPE.

El baluarte y la lobita

En la memoria televisiva de nuestra nación está “Un país para comérselo” que Juan presentó junto a Imanol Arias. Un recorrido redescubriendo los mejores platos de la mano de los mejores anfitriones en toda España. “La gastronomía es la única rama humanista y hedonista que explica la manera de vivir. Es de las pocas cosas en el mundo con la que todos están de acuerdo. Una bandera de paz en tiempos de guerra. Soria además hace culto a sus bares. Tenemos hasta caña propia, la soriana de 33 centilitros. Y luego está la trufa, un diamante en bruto. Y su cocina tradicional con el lechazo, las patatas, la repostería de hojaldre, la mantequilla y el embutido. Y esos dos grandes de su cocina como son Oscar García Marina en el “Baluarte” o Elena Lucas con su “Lobita en Navaleno. Tengo pendiente una visita con dos compis de rodaje del Cid.

 El objetivo siempre es ser un buen actor

Juan ama los libros. Son el aire que respira. Está conectado a Internet y a las nuevas tecnologías. No puede prescindir del teatro, la familia y el sentido del humor. Tiene un hijo con su mismo nombre que nació en 1997. No elige entre el teatro, el cine o la televisión. Y es que para él, lo importante es ser un buen actor.  Cree en las casualidades pero no en el destino. La lotería podría ser una ley de vida, pero al final la suerte hay que salir a buscarla. No cree en Dios, pero lo respeta y respeta a la gente que si lo hace. El defiende siempre una teoría antropocentrista. Y así es feliz. Y llena además su vida con la música, la poesía, la literatura y también la amistad.

Echanove de perfil

Le duele España

A Juan le duele España. Y le duele la corrupción. Problema enraizado junto al paro. Cree de forma honesta que con el arte se puede transformar la sociedad. Y lo puede hacer observándola y mostrándola en un escenario. Tiene dos grandes miedos. A enfermar y a ir a la cárcel. La muerte le produce un vértigo complicado de controlar. Le queda todo por hacer. Y por eso todos los días se levanta estudiando y leyendo para seguir alcanzando al actor que quiere ser. No vive obsesionado con el pasado, pero si pendiente del futuro. Y es que todavía le queda mucho trabajo por delante. La belleza en su diccionario es luz. Y es que la palabra cuando se eleva a un grado de belleza consigue ser poesía. “Y el amor vendría a ser un bien de primera necesidad y muy escaso. Si se encuentra hay que cuidarlo”. “Cuchita” es ahora mismo el amor de su vida. La persona que está siempre ahí cuando hay que reir y también cuando hay que llorar. “Es encantadora, amable, cercana y maravillosa. Es realmente sencillo ser feliz a su lado”.

Despedida de su padre

Echanove recuerda como uno de los momentos más tristes y únicos de su vida la conversación que tuvo con su padre cuando este murió.   “Fueron mas o menos dos horas. Vi que estaba despeinado y él siempre aparecia arreglado, peinado y muy elegante.  Fui al bañó, cogí un peine y lo peiné. Después, lo acomodé con mimo y con mucho cuidado y cariño y comence a contarle emocionado lo importante que había sido en mi vida. Solo podía llorar mientras no dejaba de repetir una palabra, gracias. Gracias por todo Papa.”.

En septiembre Juan Echanove quiere regresar de nuevo a los escenarios con la obra teatral “La Fiesta del Chivo”. Narra los últimos y trágicos días del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana. Es una obra dirigida por Carlos Saura, que adapta la novela de Mario Vargas Llosa y que está interpretada en sus caracteres principales por Juan Echanove, Lucía Quintana y Gabriel Garbisu. La obra se estrenó el pasado 22 de noviembre en el Teatro Infanta Isabel y tuvo un enorme éxito de público y de crítica. Juan Echanove volverá de nuevo a las tablas en el mes de septiembre. Y volverá a demostrar una vez porque está considerado como uno de los mejores actores españoles.

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